Barrancas del cobre

Durante la Semana Santa, este destino cobra un encanto especial gracias a las tradiciones de los tarahumaras (de más de 400 años de antigüedad), que dan vida a uno de los fenómenos de sincretismo más singulares de nuestro país. Sus montañas invitan al rappel, mientras que sus extensas tirolesas son famosas entre los aventureros. Lo mejor: es posible descubrirlas a bordo del “Chepe”, un tren que atraviesa varios poblado, otorgando panorámicas de ensueño.

Tlayacapan

Este pueblo mágico morelense es cálido y lleno de color. En Semana Santa, Tlayacapan se viste de fiesta y sus calles se llenan de procesiones y alegría. Además del Via Crucis, los chinelos bailan al ritmo de la banda y la gente muestra una mezcla de alegría con fe y devoción.

Costalegre, Jalisco

Situada en el puerto de Manzanillo y Puerto Vallarta, la Costalegre ofrece diferentes entornos que invitan a refugiarse en la relajación total. La bahía de Tenacatita sorprende por sus caletas y rincones con restaurantes y hoteles de distintas clases. Otros sitios son Boca de Iguanas, en la playa La Manzanilla, donde se puede acampar; la Caleta Tamarindo con campos de golf; y  las islas Punta Hermanos, donde destaca la Isla de los Pájaros.

Taxco Guerrero

En estas fechas Taxco adquiere otro colorido. Está dotado de una gran riqueza artesanal y arquitectónica, debido a la abundancia de sus minas de plata. Entre sus calles se descubren pintorescos rincones, el Museo Spratling y la Parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, uno de los ejemplos más hermosos de la arquitectura colonial.

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