Leonora Carrington, la Novia del Viento

Leonora Carrington, la Novia del Viento

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Creadora de mundos fantásticos, la pintora, escultora y escritora surrealista británica, Leonora Carrington, cambió la historia del arte en México.

Su vida estuvo marcada por el hermetismo en que vivió la mayor parte de su estadía en México. Su voz, aun en su prolongado silencio, fue omnipresente. Esa voz que continua resonando en su obra plástica y literaria.

Había sido una niña habitada por las leyendas celtas de su abuela irlandesa, transformada más tarde en una joven inglesa que su madre presentó a la Corte de Jorge V en Londres en 1934.

Era la rebelde hija de un magnate textil de Lancashire y fue expulsada de varios internados hasta que su madre, Maurie Moorehead, le ayudó a hacerse pintora y viajar a Italia para estudiar en la academia de pintura de Miss Penrose y más tarde a la Academia Ozenfant en Francia.

Tenía tan sólo 20 años cuando conoció al artista alemán Max Ernst, de 46 años, quien ya era parte de la leyenda surrealista. La pasión por el arte los hizo amantes en aquellos años en que André Breton la adoptó como ‘uno de los suyos’.

Para 1937 se instalaron en Saint-Martin d’Ardèche, en La Provenza, entre las ruinas de una granja que la progenitora de Leonora financió, el pintor como tantos artistas naufragaba en la pobreza.

Ahí la llamó la Novia del Viento y él fue Loplop, el rey de los pájaros, mientras ambos producían importante obra, como el autorretrato de ella, La posada del caballo del alba. Tres años durarían viviendo un mundo aparte, hasta que la guerra los alcanzó.

A finales de 1939, Max Ernst fue arrestado por primera vez, logrando brevemente su libertad para más tarde ser acusado de espionaje. En esa Europa cruel y enloquecida, Leonora perdió todo.

En un intento por ayudar a Max, terminó confinada en un psiquiátrico de Santander. Sometida a múltiples vejaciones, no hubo peor institución ni clima más atroz que la España de Franco con su guardia civil que pretendió destruir su mundo imaginario y afectivo.

Terminó manejando la sórdida situación con una inteligencia prodigiosa, convirtiendo el escenario de su encierro en una especie de mapa, con sus símbolos y constelaciones que le permitían buscar la salida a su caída en el hondo pozo de la locura. Esa locura que era el haber ejercido su libertad sin límites.

Leonora consiguió huir durante un traslado a Lisboa y buscó al periodista y poeta mexicano Renato Leduc, con quien contrajo matrimonio. El poeta, a través de su posición en la embajada, lograría ayudar a un gran número de personas a salir de Europa.

De esa forma, la eterna Dama Oval dejó Europa, a raíz de una guerra que significó persecución, desesperanza y muerte para muchos artistas. Max Ernst por su parte, fue rescatado por su galerista, la multimillonaria Peggy Guggenheim, con quien contrajo matrimonio y proporcionó una nueva vida en Nueva York.

En México, Leonora y Renato Leduc vivieron juntos un año, pero tras la separación nunca dejaron de ser amigos. La vida aún tenía mucho que darle a la artista.

El fotógrafo húngaro Emérico Weisz, conocido como Chiki, fue el hombre con el que Leonora formó una familia, quedándose en México para siempre, el país del surrealismo natural. Tuvieron dos hijos, Gabriel y Pablo Weisz.

En su casa en la colonia Roma, la pintora restableció lazos con varios de sus colegas y amigos surrealistas en el exilio, quienes también se encontraron en este país, tales como André Breton, Benjamín Péret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen y la pintora Remedios Varo, con quien mantuvo una amistad duradera.

Fue ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes, otorgado por el gobierno de México en 2005. Falleció a los 94 años en la Ciudad de México el 25 de mayo de 2011.

​Leonora es hoy parte del grupo de mujeres artistas surrealistas de Latinoamérica, su obra está entre las más cotizadas, y sus relatos mantienen la frescura y las sorpresas de textos adobados por una profunda construcción imaginaria.