Entre Viena y Salzburgo se extiende uno de los recorridos más bellos de Europa. El camino ya fue recorrido por romanos y celtas en sus andares comerciales y reyes y emperadores lo han utilizado para sus desplazamientos.

Varios de estos lugares han merecido el honor de formar parte del Patrimonio de la Humanidad y muchos de ellos tienen como principal protagonista la música, con diversos festivales de primavera y una especial dedicación a Mozart.

A lo largo de los 380 km de la Ruta se encuentran conocidas localidades sucediéndose como una sarta de perlas. Y entre ellas los maravillosos paisajes de la ribera del Danubio y la región subalpina, con seculares monasterios, guardianes de una tradición centenaria, e inexpugnables castillos y palacios que nos saludan desde el pasado.

Obertura musical

Pensar en la música y evocar Salzburgo, comienzo de la Ruta Romántica, es inevitable. Como lo es recordar la figura de Wolfgang Amadeus Mozart, sin duda el más ilustre de sus habitantes. Aun cuando la vinculación del genial compositor con Salzburgo es evidente, no es la única. Otro de sus ciudadanos populares y geniales fue Herbert von Karajan que nació justo enfrente de la casa de Makarsplatz 8 en la que vivió la familia Mozart. O Michel Haydn, el hermano del gran Joseph Haydn. Y también en Salzburgo, y en la misma pila bautismal de Mozart, fue bautizado el que sería el humilde párroco que compuso Noche de paz, la melodía más reproducida y vendida del mundo.

En esta ciudad barroca se mezclan el pasado ostentoso con un presente moderno y lleno de vida, la herencia de Mozart y de los príncipes-arzobispos con la cultura contemporánea. Su casco antiguo, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad, destaca por su gran armonía, aunque tal vez la vistas más impresionantes de la ciudad se obtengan desde la orilla de río, con la cúpula de la catedral y las iglesias recortándose delante de la Fortaleza Hohensalzburg o, justamente, desde lo alto de este enorme castillo -el mayor de la Europa Central- con la ciudad desparramándose a un lado y los Alpes majestuosos al otro.

A treinta kilómetros de Salzburgo aparece Mondsee y su antigua abadía benedictina cuyos orígenes son de 748. Hoy muestra su colegiata gótica de 1487 con una suntuosa decoración barroca en su interior. También de ese estilo, que aquí llaman “barroco campesino” son las fachadas de las casas que dan a su animado mercado.

Más adelante está el primero de una larga serie de lagos de esta ruta y que, acorralados por los Alpes, crean preciosos paisajes: cumbres nevadas, verdes prados, aguas trasparentes, impetuosos torrentes, pueblos de madera y pizarra y mucho más St. Gilgen, Strobl y St. Wolfgang rodean al lago Wolfgangsee y son los puntos de partida para infinitas excursiones por las montañas. El teleférico que sube al pico Zwölferhorn, la carretera que llega hasta la cima de Postalm o el tren de cremallera a vapor que asciende hasta el pico Schafberg permiten disfrutar de las vistas de impresionante belleza.

Una ciudad sobre un lago

Aunque hay que desviarse ligeramente, vale la pena dirigirse hacia el sur desde Bad Ischl, para penetrar en el entorno histórico de Hallstatt-Dachstein, que comprende las ciudades de Hallstatt, Gosau, Obertraun y Bad Goisern, núcleo del Salzkammergut interior. Toda la región fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997 y Hallstatt ha sido designada como la “población más bella a orillas de un lago”.

Retomando la Ruta Romántica que conduce a Viena se descubre Gmunden, una encantadora ciudad de ambiente mediterráneo, rodeada de villas y palacetes. Entre ellos destaca el de Seeschloss Ort, con patio renacentista de soportales. Una experiencia original es hacer un recorrido por el lago en el “Gisela”, uno de los barcos de rueda de vapor más antiguos de Europa.

Un poco más adelante hay una nueva abadía benedictina en Kremsmünster, también del siglo VIII y con importantes colecciones de arte, especialmente la llamada copa de Tassilo. Un nuevo desvío nos lleva a Wels, una dinámica ciudad de ferias y centro de compras que ha sabido conservar su centro histórico y mantiene la placidez de una pequeña y encantadora ciudad.

Tras pasar por Bad Hall, un apreciado lugar termal en las estribaciones de los Alpes, se llega a Steyr, corazón de la Ruta Romántica, una joya de la arquitectura medieval que conserva muchas de sus seculares tradiciones, como los célebres serenos nocturnos, que ahora se dedican a mostrar la ciudad de noche a los turistas, pero siguen vestidos con sus ropas tradicionales y portan alabarda y candil.

Una serie de pequeñas poblaciones salen al encuentro: Enns, la ciudad más antigua de Austria; Grein, una romántica ciudad medieval a orillas del Danubio; Maria Taferl, con su imponente y milagrosa basílica barroca y Melk, con otra importante abadía benedictina.

El más bello tramo del Danubio

Nos adentramos un poco más adelante en la región de Wachau, un corto tramo del Danubio, de apenas 36 km., sobre un total de 2.800 km, que adquiere un relevante valor como comarca histórica, por sus variados paisajes, por sus monumentos culturales y por su conjunto de pequeñas ciudades. Toda la zona es también Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000. Aquí todo se complementa, desde los paisajes naturales, como pueden ser el serpenteante valle del Danubio, los bosques de ribera, las abruptas formaciones rocosas, con los elementos construidos por la mano del hombre como las terrazas para el cultivo de la vid, las localidades típicas, los monasterios, los castillos…

Lo más característico es que desde cualquiera de los monumentos pueden divisarse los demás. Por ejemplo, desde el monasterio de Melk se divisa el palacio de Schonbühel, las ruinas de Aggstein, Dürnstein y Hinterhaus y hasta el monasterio de Gottweig. Una agradable excursión es tomar un barco desde Melk a Krems; así se obtiene una impresión más viva y más intensa del paisaje. La comarca de Wachau fue colonizada hace varios milenios a causa de su ubicación. La célebre estatuilla de la Venus de Willendorf fue encontrada aquí y tiene más de 26.000 años de antigüedad; cada una de las épocas pasadas desde tiempos de los romanos ha dejado tras de sí una rica herencia arquitectónica.

A propósito de rutas y leyendas románticas, a poca distancia se encuentra Dürnstein, también en la orilla del Danubio, donde se conserva el castillo donde estuvo encarcelado Ricardo Corazón de León, tras ser hecho preso a su regreso de las Cruzadas y que sólo fue descubierto por su fiel y enamorado juglar que recorrió media Europa buscando a su señor.

Enfilando la recta final hacia Viena aparece Krems, otra idílica ciudad que ha sabido conjugar diferentes estilos, desde el románico tardío hasta el Biedemeier. Es un buen lugar para hacer un alto y disfrutar de sus espléndidos vinos, muchos de los cuales se muestran en el monasterio dominico convertido en Museo del Vino. Y en último desvío de la Ruta Romántica, ya a las puertas de la capital de Austria, se encuentra Atzenbrugg, conocido como el “municipio de Schubert”.

Klosterneuburg, con su Monasterio de los Agustinos de origen románico del año 1114, pertenece a los tesoros culturales más importantes del país.

Broche final de lujo

Aunque el recorrido por la Ruta Romántica pueda resultar agotador por la acumulación de bellezas, hay que dejar resuello para la meta final. La antigua ciudad imperial, situada a las orillas del Danubio, invita a un paseo a través de los siglos. Su centro histórico, también Patrimonio de la Humanidad, es uno de los conjuntos urbanos más bellos de Europa.

Tres épocas diferentes han dejado su imborrable huella en esta ciudad residencial de los Habsburgo: la Edad Media, representada por la catedral gótica de San Esteban (Stephansdom), uno de los símbolos vieneses por excelencia; el barroco, cuyo legado más importante es el palacio imperial Hofburg con sus abigarradas cúpulas; y las postrimerías del siglo XIX, que han quedado inmortalizadas a lo largo de la avenida Ringstrasse, calle de trazado circular, en cuyo recorrido se pueden contemplar magníficas edificaciones como son la Opera Nacional y el Museo de Bellas Artes.

Las innumerables iglesias, palacios y parques contribuyen a realzar ese aire imperial, propio del casco histórico de Viena, acentuado por las valiosísimas colecciones reunidas por acaudalados regentes, y la centenaria tradición musical de la banda imperial de la corte, además de la música clásica de Mozart y los valses de la dinastía Strauss.

Mención aparte merece el palacio de Schonbrunn, residencia de verano de los Habsburgo con su afamado zoológico, que constituye uno de los máximos atractivos de Viena.

La Ruta Romántica puede recorrerse partiendo de Salzburgo o de Viena y lo ideal es hacerlo en coche por la libertad que permite, aunque existe una estupenda red de ferrocarriles y también es bueno el transporte público.

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