Karl Lagerfeld ha muerto.

El icónico diseñador de origen alemán de la casa Chanel y Fendi falleció el pasado 19 de febrero a los 85 años en el Hospital Americano de París, donde había ingresado la noche anterior de urgencia. Su ausencia en el desfile de la colección primavera-verano 2019 el pasado enero había desatado las primeras alarmas, ya que no había faltado a ninguna de esas citas desde sus comienzos en Chanel, en enero de 1983.

Virginie Viard, directora de Chanel en el Fashion Creation Studio y colaboradora más cercana de Karl Lager-feld, ha sido designada por Alain Wertheimer, dueño de la firma, para sustituirle en la dirección creativa. Al me-nos, por el momento. Así lo ha confirmado el departamento de comunicación.

Ahora recordemos a Karl. Allá donde acababan sus gafas de sol, comenzaba su leyenda. Una romántica his-toria de las que ya no quedan, escrita a lo largo de más de sesenta años de trayectoria a lo largo de los cuales no hizo sino dedicarse en cuerpo y alma a su pasión. Tal vez, sea ahí donde reside el secreto a voces del éxito del diseñador alemán: en el hecho de que, desde el principio, tuvo claro que lo suyo era la moda.

No resulta fácil resumir la vida y obra del director creativo de Chanel y Fendi en unas pocas palabras. Desde sus comienzos en el taller de Pierre Balmain en el París de principios de los 50, hasta algunas de sus últimas va-caciones en Saint-Tropez junto al modelo Baptiste Giabiconi, con el que se dijo que mantuvo una relación senti-mental, lo cierto es que lo del Kaiser da para unas cuantas biografías. Tantas como las que se entretejieron en su manera de presentarse ante el mundo; nunca sencilla, siempre múltiple. Porque, aunque su personalidad fuese solo una, sola y única, las existencias que ha llevado hasta sus ochenta y cinco han sido muchas. Para entender-las todas, primero hay que conocer sus momentos clave.

Un alemán en París

1952: este es el año en que Karl Lagerfeld se instaló en la capital parisina tras finalizar sus estudios, que cursó en Francia. Cuando llegó al país galo, apenas tenía doce años. Hasta ese momento había vivido en Alemania con su padre, un banquero de origen suizo que se hizo rico al introducir la leche en polvo en Alemania, y con su ma-dre, procedente de una familia noble. Los progenitores del diseñador se enamoraron después de haber estado casados antes y de tener hijos con otras personas, algo no muy habitual en la época. Él nació diez años después de que se conociesen.

Todo esta libertad familiar se reflejó en los primeros trabajos del joven Karl, quien pronto se puso a trabajar en la casa de modas Pierre Balmain como premio por ganado un concurso del Secretariado Internacional de Lana, en 1955. Allí permaneció como director creativo hasta 1958, cuando pasó a formar parte del equipo de diseño de Jean Patou. No era la primera vez que Karl Lagerfeld participaba en este certamen; años antes, fue derrotado por Yves Sain Laurent, con el que más tarde compartiría noches de fiestas, rivalidad y también al hombre de su vida.

Jacques des Bascher

Se cuentan muchas cosas de él. Que siempre buscó ser el centro de atención, que nunca quiso trabajar sino consagrar su vida a la búsqueda de la belleza y el hedonismo, que fue el último dandy y el primer muso masculino de la Historia. Y es que Jacques des Bascher se convirtió mucho más que en un icono de la moda de los 70. Su figura representaba el deseo, el exceso, el joie de vivre, el arte, la belleza en su estado más puro.

Según Alicia Drake, autora de la novela The beautiful fall, en 1973, cuando Karl Lagerfeld ya trabajaba para Chloé y Fendi y estaba a punto de fundar su propia firma, se conocieron en el club Le Sept. Jacques des Bascher llevaba unos pantalones tiroleses. Al día siguiente, ya estaban viajando juntos a la casa de verano del diseñador en Saint-Tropez. No se separaron en quince años.

Se dice que fue mi novio, pero no es cierto. Era la persona más divertida y más distinta a mí que he conocido. Salvaje, chic y divertido. Tenía todos los defectos y todas las cualidades. Para mí era divino, pero otros lo encon-traban diabólico. Con estas palabras describía Karl Lagerfeld a Jacques des Basher en una de las pocas entrevis-tas en que habló de él tras su muerte en 1989, a causa de la enfermedad del VIH, concedida a la editora de moda Eugenia de la Torriente en 2009. De la devoción que Lagerfeld le profesaba a des Basher nació su mítica rivalidad con Yves Saint Laurent, quien también cayó rendido a los encantos del novio de nadie que encandiló a la alta sociedad de la década.

Alta sociedad de la que Karl Lagerfeld ya formaba parte. Todos estos años de experiencia a todos los niveles allanaron el camino para que el creador tomase la decisión más importante de su vida: tomar las riendas de Cha-nel en 1983 cuando, según sus propias palabras, nadie quería vestir de la Maison y, en la firma, aún quedaba todo por hacer.

Y entonces llegó Chanel

Cuando Karl Lagerfeld unió su universo al de Chanel, florecían los 80 en Europa. Desde entonces y hasta hoy, su romance con la revolución de Coco Chanel se fue afianzando, transformándose en mucho más grande que el lanzamiento de siete colecciones al año, un puñado de cifras millonarias y el sinfín de nombres de mujer como Carolina de Mónaco, Keira Knightley, Penélope Cruz, Inès de la Fressange, Caroline de Maigret o Jerry Hall que encarnan su concepto.

Lagerfeld hacía de cada desfile un espectáculo y de cada espectáculo una declaración de intenciones. Ade-más, él y solo él, tras su especial punto de vista (que en 1996 le valió el Premio de la Cultura de la Asociación Alemana de Fotografía), fue el responsable de la mayoría de campañas publicitarias de la maison; además del artífice de numerosos fashion films que destilan Chanel por los cuatro costados y de una larguísima lista de pro-yectos y colaboraciones paralelas a su labor como director creativo sin cuyo conjunto no podría entenderse la nueva esencia de que dotó a la firma, tan diferente y, a la vez, tan como siempre. Tan como ella, la gran Gabrie-lle, la concibió.

De Choupette y otras excentricidades

Como todo artista, Karl Lagerfeld también tenía sus rarezas. Pequeños detalles de su modo de vivir que, ante el resto del mundo, podían parecer extraños o incluso pretenciosos. Su gatita, Choupette, es toda una celebridad. Ha colaborado con la marca de belleza Shu Uemura y posado para el calendario Vauxhall Corsa. Por tan solo estos dos trabajos, ganó tres millones de euros. La niña mimada del diseñador tiene dos cuidadoras que le pasa-ban a Karl informes diarios de cuándo y cómo comía y hacía sus necesidades, perfil en Twitter e Instagram, privi-legios de primera clase e incluso un libro en el mercado, Choupette: The private life of a high-flying fashion cat.

¿Otras fascinaciones? Dormir con una camisola de cuello alto que él mismo diseñó. Colorear sus bocetos con sombras de ojos y barras de labios. Beber casi su propio peso en Coca-Cola Light a diario. Llevar siempre el pelo recogido en una coleta tirante, con el cabello empolvado a base de champú seco. La tecnología, y es que alguna vez confesó tener más de trescientos iPods en su casa. Los pitillos de Hedi Slimane para Dior (adelgazó alrededor de treinta y seis kilos para poder enfundarse sus trajes). El sentido del humor: Todo lo que digo es una broma, afirmaba.

El gran cambio

Casi cuarenta kilos. Esta cantidad de peso es la que Lagerfeld perdió en tan solo un año. Cuando recordaba este episodio de su vida, el modista decía que lo hizo para poder entrar en la ropa de Hedi Slimane. ¿Cuánto de verdad y cuánto de ironía habría en esa afirmación? La dieta hipocalórica que siguió, creada especialmente para él por el Dr. Jean-Claude Houdret, estaba formulada base de sobres de proteínas y vegetales. Y aún en la actuali-dad generaba críticas y halagos a partes iguales. ¿La respuesta de Karl Lagerfeld? Recogerla en un libro, La dieta de Karl Lagerfeld.

En 2012, el diseñador dijo que la cantante Adele “estaba demasiado gorda”, generando una gran controversia. Tanta o más como con frases como “la moda es la mayor motivación para adelgazar”.

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