Graciela Rosales Cueto: La primera piloto comercial sinaloense

Graciela Rosales Cueto: La primera piloto comercial sinaloense

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“Arriésguense a probar cosas nuevas. No se guíen por los prejuicios de las personas, si les gusta algo, háganlo.”

Por: Eleana Carrasco

A menudo nos parece cosa del pasado el hecho de que las mujeres incursionen en ámbitos laborales que eran dominados por los hombres. En la mayoría de los casos ya hay una mujer pionera y reconocida internacionalmente, sin embargo, la posibilidad que nos otorga el ver a una mujer sinaloense obtener un puesto en lo que más ama, en aquello que le apasiona y que ha sido tan exclusivo del sexo masculino, nos llena de orgullo, de esperanza.

He aquí el camino abierto a cualquier niña que sueñe con pilotear un vuelo de alguna aerolínea comercial, como Graciela Rosales Cueto, la primera mujer sinaloense piloto de Interjet, aerolínea que cuenta con más de 25 mujeres pilotos en todo México.

Graciela Rosales Cueto nació en Culiacán Sinaloa, el 25 de abril de 1993. Es hija de Alberto Rosales Velarde y Graciela Cueto Serrano, y hermana de Alberto y Luis Rosales Cueto. Es técnico superior universitario en Piloto aviador, estudios que cursó en la Escuela México, de Guadalajara. Está certificada para volar desde aviones de poco peso como el Cessna, a mucho más grandes como el avión ruso de 93 pasajeros, un Sukhoi Superjet 100 de Interjet en el que actualmente es copiloto, cubriendo rutas de vuelo por México, Centroamérica, el Caribe y Estados Unidos.

Aunque ser mujer nunca la detuvo en sus sueños, ni siquiera consideraba que existiera algún impedimento por ello gracias a que en su familia no fue formada con prejuicios, Graciela Rosales Cueto sí recuerda que, mientras estudiaba la carrera, las supuestas bromas no se hacían esperar, como mencionar que mecánica era algo que las pocas alumnas no iban a aprender porque sólo les interesaba a los hombres. Además, le tocó que algún maestro llegara a ponerles exámenes que consideraba imposible que alguien obtuviera la calificación perfecta, y cuando Graciela la obtenía, la mandaba llamar para preguntarle a quién le copió.

Esas adversidades, sin embargo, la motivaron: ella considera que las cosas se realizan a pesar de las personas que buscan complicárselas a las mujeres. Que todo es cuestión de si uno quiere dejarse llevar por los comentarios.

El acercamiento de Graciela a los aviones fue gracias a su padre, quien también es piloto, al igual que su abuelo, su tío y próximamente su hermano. Desde chica la llevaba a volar, le tocó ir con su papá a Estados Unidos, Nogales, Arizona y a diversos lugares del estado. Verlo tan dedicado a su trabajo, la inspiró.

El momento en que se decidió por la misma profesión fue en una de estas ocasiones en que su padre la invitó a un vuelo de prueba. Ya tenía 17 años. Ahí se dio cuenta de otros aspectos que no había considerado siendo niña; por ejemplo, cada vuelo es estudio y preparación: “al final me senté con él, ya que tenía que hacer un curso él, e interesantísimo. Un curso de ‘factores humanos’, y éste te va dando prevención de accidentes, cómo el factor humano afecta en tu operación. Yo decía: ‘papá, qué interesante, ¿a esto te dedicas? ¡Qué fabuloso!’. Estás en el curso y estás anonadado, y yo hasta tomando notas”.

Ella misma se acercó a Interjet al graduarse. Ahí los aspirantes realizan diversos exámenes de los que seleccionan a los mejores candidatos. A Graciela siempre le interesó esta aerolínea porque tiene muy buenas políticas de operación, tanto con sus clientes como con sus empleados: tiene muchísimas prestaciones, por ejemplo. Promueven el crecimiento profesional y te toman en cuenta como individuo y trabajador. En esa empresa, comentó, todo va dirigido a cómo complacer a los pasajeros. Simplemente con la cantidad de protocolos para los imprevistos, que todos consisten en proteger a los tripulantes. A su vez, tiene destinos muy buenos. “Interjet ha sido de las mejores elecciones de mi vida”, afirmó la piloto.

Además dicha empresa, nos revela, tiene una gran cantidad de mujeres pilotos. No sabe si más grande que en otras aerolíneas porque desconoce cifras, pero ella convive con muchas mujeres.

Volar un avión exige mucha preparación y mucha concentración también. Graciela considera que en pocas carreras se siente lo que en ésta, porque desde que vas en carrera de despegue tu corazón ya va acelerado. También el aterrizar es adrenalina pura. A ella no le da miedo, cree que si uno siente miedo de eso, piloto aviador no es su profesión.

“A lo mejor podría decir que uno se permite un poco de nervios, porque es una carrera considerada como extrema. En sí, es un deporte extremo”.

Entre sus planes a futuro está ir formando su carrera en Interjet, así como ir superando los paradigmas y prejuicios de ver a una mujer piloto. También quisiera, en algún momento, ver un avión muy grande como el A380.

A los lectores, ella les aconseja que se arriesguen a probar cosas nuevas y que no se guíen por los prejuicios de las personas. Si les gusta algo, que lo hagan. Además que investiguen. La aviación es una carrera de muchas recompensas.

“Me toca mucho también ver a niñas chiquitas que se sorprenden de que sea piloto, que se llenan de ilusión. Han llegado y me han dado la bendición. Y eso es diario. Me encanta que los padres les digan que, cuando estén grandes, pueden ser también pilotos. En esta carrera todos los días pasa algo que te hace sentir agradecido”, concluyó.