El sentido común en la formación

El sentido común en la formación

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Una cosa es lo normal y formativo, otra es lo que todo mundo hace y por ser algo general  caemos en que es lo acertado. ¿Y el sentido común? ¿Dónde lo hemos perdido? Primero les comparto qué es, como dicen sus palabras “el sentir común de todos”, por ejemplo: antes cualquier mamá podía corregirnos de peques y lo tomábamos en cuenta pues sabíamos que romper algo ajeno, por mencionar algo, tampoco le gustaría a nuestros padres, lo aceptábamos y nadie se quejaba de meterse en sus asuntos, había un respeto pues la comunidad estaba de acuerdo. No estaba a discusión, era evidente por sentido común.

Probablemente lo perdimos cuando ese sentir dejó de ser común, cuando dejó de ser evidente que el respeto al derecho no se quebranta, sin embargo dejó de importar tanto como ejercer las reglas de urbanidad o de tránsito vehicular, ahora es “sólo yo importo” y al que se meta le va muy mal. Entonces por pena se acabaron las correcciones, por miedo se dejaron correr los errores, la falta de educación y el respeto. El riesgo es desde recibir una ofensa verbal, una pedrada y hasta un golpe o peor aún un balazo, con la indiferencia de quien se encuentra cerca, pues la agresión se puede multiplicar a quienes por sentido común y solidaridad entren como defensores.

Sin embargo, el sentido común no ha muerto, habremos muchos que lo sentimos, pero ya no es tan común pues ya no lo tenemos todos. Dejó de serlo cuando en un campo deportivo de escolares las mamás de los perdedores agredieron y hasta lastimaron al entrenador, cuando algunos padres ante el berrinche de hijos menores cedieron a la compra del celular o la tableta, cuando pasó a ser excepcional dejarlos manejar el auto o tomarse la cerveza, incluso ver películas inadecuadas para menores de 18 años a los 12 o 15 años de edad sobreprotegiéndolos en otros aspectos como si tuvieran tres. Chocó el auto pero yo me pongo de responsable, embarazó a la novia pues lo llevo fuera del país, que no tenga ninguna responsabilidad pero si todos los derechos.

El sentido común es la sensibilidad compartida de que una cosa es como es y no como uno quisiera que fuera, es la capacidad de captar los matices de la realidad. Se necesita sensibilidad para entender adecuadamente la realidad, percibirla para luego interpretarla correctamente. Es tan fina y delicada que nos permite percibir lo que se ajusta o no a la naturaleza del niño, del joven, del escolar, ver la diferencia entre lo que pide él a lo que realmente se ajusta a su edad, a su naturaleza, a lo que necesita, lo cual no siempre es lo mismo.

Nos está faltando sensibilidad para formar a las nuevas generaciones, tanto en el hogar como en las aulas, y hay quienes lo niegan y todavía recurren al “no es para tanto”, apareciendo entonces la frivolidad y el cinismo, los cuales nos están ganando terreno. El insensible no ve más allá de su nariz y rechaza a quien maneja la sensibilidad, incluso quisiera que nadie la tuviera pues la encuentra ridícula, exagerada y le irrita. Cuando la mayoría pierde esa sensibilidad que caracteriza al ser humano con sentido común, se deja de pensar por sí mismo, se pierde el sentido propio y nos convertimos en tierra abonada para la dictadura de la moda, las opiniones ajenas, la imagen para agradar y hasta nos dejamos influenciar por las estadísticas que el mercado nos impone cuando las estadísticas las hacemos nosotros y no ellas a las personas.

En resumen, la sensibilidad es un faro que ilumina las decisiones que tomamos para la educación y formación de los nuestros, es aquello que no sólo nos permite ver, sino mirar;  decía María Montessori: “La torpeza en los sentidos lleva a la incapacidad de juzgar por uno mismo”. Mientras el sentir de lo que conviene o no para un niño deje de ser común y mientras el común de los mortales prefiera ver sin mirar, ha llegado entonces el momento en que conviene más que nunca conservar o recuperar nuestro sentido propio.

Y en esta Navidad, ¿cómo vas a usar tu sentido propio? Que todo sea para bendición y crecimiento de tu familia, para que el espíritu se regocije en la fraternidad, el amor y la alegría de compartir y disfrutar con los más preciados de nuestro corazón: Nuestras familias.

Namaste

Por: Paty Maytorena

Yoga Master

patymaytorena@hotmail.com

Cel. 667 751 2884