El secuestro de la paz emocional

El secuestro de la paz emocional

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Si algo escucho entre mis contemporáneos y muchas personas que me rodean es que desean tener paz. Vivir con una economía variable o frágil crea estrés, tener pérdidas produce estrés, no tener salud incrementa el estrés, respirar de cerca la violencia genera estrés, entonces ante algunos faltantes económicos, de salud, rupturas, desapegos, entornos inseguros, la que termina crucificada es la paz emocional, la paz interior, la serenidad de vivir cada día sonriendo y sin miedos ni tensiones.

La paz, cuando menos nos damos cuenta ante cualquier agravante, se va, ¡vuela! Desaparecen entonces la alegría, el entusiasmo, el amor, la felicidad… la vida se pinta de gris, y las ilusiones escasean. Buscamos nutrir las esperanzas a veces con poca fe, con miedo e incertidumbre. Aparecen la agresión, la insatisfacción y podría incluso manifestarse la depresión, monstruo de la época, que con la debida atención tiene remedio. Ahora que iniciamos un nuevo ciclo, un nuevo horizonte, es importante desterrar desde la raíz a la agresión, de cualquier tipo, verbal, física, emocional, en todos los círculos, familiares, laborales, amistosos; la agresión es una ladrona de la paz, la secuestra sin miramientos y deja a su paso desolación y tristezas.

Rodearse de personas o ambientes agresivos es permitir que su negatividad contamine nuestro espacio, nuestra mente, nuestra actitud. ¿No somos dueños de la voluntad propia y el libre albedrío? ¿Es carácter lo que nos está faltando? Podría ser un excelente propósito para este 2018: limpiar relaciones, ambientes cotidianos, empezando por nuestro interior. Si agredo no me sorprenda resultar agredido, si grito seré solicitado a gritos, necesitamos incluso darnos cuenta qué es la agresión, cómo la manifestamos en nuestra vida, porque existen personas que caminan atropellando al prójimo y no quieren darse cuenta de la forma en que roban energía, incluso se califican como buenas personas y sus relaciones son sumamente inadecuadas.

El machismo es un ejemplo contundente, la soberbia también, solo que revisarnos y concluir que somos soberbios o machistas es una tarea non grata, y seguramente es mejor pasar por buenitos pues así nos vemos más bonitos, aunque en realidad no resolvemos ni los retos en turno ni lo que nos disgusta, pues la raíz está en nuestro interior, en la verdadera auto confrontación.

Ha terminado la etapa navideña donde pudimos hacer revisión general de nuestra vida espiritual que es la que lleva el timón en la existencia. ¿Hemos mejorado nuestros tropiezos? ¿Relaciones? ¿Carencias? Aún es tiempo, nunca es tarde, si hacemos más de lo mismo tendremos los mismos resultados, ¿qué tal si como primer paso apartamos la agresión? De mi hacia mí, después de mi hacia los demás. Sería un buen inicio y un cambio radical que serviría mucho en esta tierra tan convulsionada por el trato prepotente.

La mayoría, creo yo, busca la felicidad, la paz, mínimo el confort, nada de esto se logra sin esfuerzo ni autoconocimiento o un trabajo personal y profundo que nos permita evolucionar ya sea en manos de un profesional, un asesor espiritual o un verdadero y consciente trabajo transpersonal. Trata como te gusta ser tratado, hasta la cara más agria se disipa con una sonrisa y palabras amables, ¿qué tal si para este 2018 lo probamos? Ante el amor y la amabilidad el ser humano se rinde porque ha sido creado en el Amor Divino y su ser interior lo reconoce, lo sabe, lo anhela.

Que este nuevo amanecer de enero 2018 nos inunde el gran deseo de transformarnos y hacer de este un mundo mejor, lo necesitan nuestro hijos, lo necesitan nuestros nietos, ¿qué mundo les vamos a dejar y qué hijos le vamos a dejar al mundo? Tiempos de cambio, de reflexión y de esperanza para un nuevo horizonte. Pax.

Por: Paty Maytorena

Yoga Master

patymaytorena@hotmail.com

Cel. 6677 51-28-84