El amor en tiempos modernos

El amor en tiempos modernos

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El amor está idealizado, sobrevaluado y en ocasiones se convierte en un objetivo mal entendido, como el hecho de que el tener una pareja nos dará la felicidad o traerá estabilidad a una vida previa no estable o caótica.

La realidad es que, no podemos dar lo que no tenemos y no podemos esperar que otra persona nos de algo que debe provenir de nuestro interior (mente, consciencia, corazón o como gustes llamarle).

El embarcarse en un matrimonio y/o el tener hijos, son decisiones que cambian el curso de la vida y que deben ser tomadas de manera consciente y meditada y no sólo porque es “lo que sigue por hacer” o “lo correcto” o “normal”.

Los medios, las películas románticas, los cuentos de hadas, nos hacen creer que la meta sublime de las mujeres a cierta edad es conseguir “un príncipe azul”; un hombre rico, poderoso, buen proveedor. Pero los cuentos se terminan en la boda, y luego, ¿qué sigue?

En los tiempos actuales, las mujeres no se casan a los 16 años (antes de iniciar una carrera profesional), aunque claro está que en los polos de la sociedad (clases altas y clases bajas) las mujeres siguen esperando que aunque estén preparadas o no, o puedan conseguir su propio sustento, el hombre sea el proveedor; y las relaciones de pareja tienden a ser más duraderas por los intereses en juego y no necesariamente porque el amor sea intenso.  Entonces, hablando de mujeres preparadas, con una carrera, una maestría, un doctorado o una especialidad; o en las mujeres emprendedoras, la decisión de iniciar o permanecer en pareja se basa más claramente en lo que la pareja puede aportar a nivel global en una relación. Raras son las mujeres en esta situación que deciden dejar su vida profesional de lado (que tanto les ha costado), la libertad financiera y su seguridad personal por una vida de casa sin tantos retos ni logros.

Ahora bien, las dinámicas para conocer y relacionarse con personas del sexo opuesto para encontrar una pareja han cambiado de las cartas a los correos electrónicos, de los “me gustas” en persona a los “likes” de las redes sociales, de las serenatas a videos de youtube y de los besos y flores reales a los emojis, incluso dando más importancia a qué tanto se demuestra “públicamente” el afecto, como el estatus de “en una relación” hasta el “es complicado”, las veces que te etiquetan en una foto o no, cuantos likes les da a las fotos de otras personas e incluso el cómo se interpretan los emojis mandados en una conversación de WhatsApp o si te “deja en visto”. Eso sin contar con el drama de una llamada mandada a buzón y de cuando a la otra persona se le acaba la batería, además de las infidelidades virtuales.

Para mantener la estabilidad se requiere establecer metas reales personales y poder compartirlas con las de la otra persona, el saber negociar el día a día y el pensar en la pareja no como en una posesión sino como en una persona independiente que tiene vida y objetivos propios pero sobre todo, el aprender el modo de comunicarse, expresar tanto los sentimientos positivos como las emociones negativas y el poder llegar a acuerdos benéficos para ambas partes.

El amor en realidad no es algo que deba pasar de moda, tiene sus etapas, sus intensidades y en realidad es un sentimiento que muere con facilidad si no se cultiva. La meta no debe ser el buscar una nueva pareja con quien experimentar el romance cada vez que la relación anterior se vuelva aburrida, disminuya la cantidad de encuentros sexuales o las caricias se desvanezcan, los detalles se pierdan y el interés desaparezca, sino en construir bases sólidas para el futuro con quien quieras que te acompañe en todos los aspectos buenos y malos de la vida. Y finalmente, no bases tu elección de pareja en alguien que salga “bien en las fotos” sino en alguien que tenga algo que tú puedas ver, aunque los demás no.

Por: Dra. Gema Lucero Sánchez

Gutierrez de Lara

dralucero0@hotmail.com

Médico Especialista en Psiquiatría

Fundadora de Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil

Teletón Tamaulipas

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