Ya se acerca velozmente el 30 de abril y por la mente de muchas mamás y algunos pocos papás empieza a revolotear insistentemente la pregunta: ¿Qué le regalo a mi hijo este 30 de abril, Día del Niño? Recuerdo hace varias décadas, a los niños no se les regalaba nada. Si se podía, se les compraba un ajuar. Vestidito a las niñas y una camisa y pantalón nuevo para los niños. Pero ahora tenemos tablets, smartphones, consolas de videojuegos y una cantidad de distintos precios que nos dejan con la pregunta ‘¿y cuál será el mejor regalo para mi hijo?’ y ‘este regalo, ¿se lo puedo y se lo debo costear?’. Nuestros cuestionamientos definitivamente han cambiado, la pregunta del millón: ¿son real y conscientemente para bien esos cambios?

Hace algunos años entrando en un supermercado, recuerdo una joven mamá de unos veintitantos años que entraba a la tienda con un niñito de un año y unos meses, cómodamente acomodado en el portabebé del carrito de la tienda. El niñito, casi bebé, sujetaba una bolsa de papas fritas que era casi de su tamaño. El guardia de la entrada le dijo a la joven señora: “Por favor, deje las papas del niño en la paquetería, de otra forma se las van a cobrar a la salida”. Y la respuesta de la señora me dejó helada “¡Ay señor!” –dijo ella– “Es que si se las quito, el niño llora bien feo”.

Para mis adentros pensé: Pobre niño, éste sí no tiene madre. Pero en sentido literal. Pareciera que la educación a la que se sometió por generaciones en el pasado a los niños ha propiciado la aparición de unos padres sumamente permisivos que, excusados en la modernidad, en el trabajo y en cualquier pretexto que se quiera, se sienten liberados y relevados de la responsabilidad de criar a sus hijos dentro de un esquema sólido de límites, de valores y de disciplina. Además, educar a los hijos cuesta trabajo y energía y vivimos en la era del control remoto o lo que también llamamos del mínimo esfuerzo.

En muchos de estos niños que padecieron de “poca madre” y de “poco padre” surgirán problemas de acoso escolar (de acosador y de acosado, tan grave uno como el otro, hago la aclaración), de falta de atención en la escuela, de bajo rendimiento escolar, de consumo de alcohol y drogas y de conductas sexuales propias de los adultos que resultan en infecciones y en embarazos no deseados.

Entonces, ¿cuál es el mejor regalo que le puedo dar a mi hijo? Es sencillísimo, ¡soy yo! Estando presente para que viva su niñez con las libertades y las responsabilidades propias de un niño de tres años ¡cuando tiene tres años! Para que que viva su adolescencia como las libertades y las responsabilidades propias de un joven de 13 o 14 años cuando tenga 13 o 14 años. Y para que viva como un adulto libre y responsable cuando tenga 23 o 24 años.

Los niños requieren amor y mucho. Pero también requieren atención, límites, disciplina y corrección. Necesitan asimilar que todos sus actos tienen consecuencias y que generan responsabilidades. Que merecen respeto, pero deben empezar por respetarse a ellos mismos y a los demás.

Hoy te invito a que te preguntes: ¿estás siendo hoy el mejor regalo que la vida le puede dar a tu hijo? Si no estás convencido de tu respuesta acude a un profesional en busca de ayuda. No te arrepentirás. 

Recuerda: Vive de tal manera que, cuando tus hijos piensen en justicia, cariño e integridad, piensen en ti.

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