Cuando decidí escribir este artículo…

Cuando decidí escribir este artículo…

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Cuando decidí escribir el artículo del mes de enero, pensé inmediatamente en escribir acerca de todos los planes que hacemos al empezar el año, y que poco a poco vamos olvidando o simplemente posponiendo. Y es entonces que empieza otra vez un nuevo año, un cuaderno de hojas limpias nos ha sido entregado para empezar a escribir en él.

Esto me hace recordar la emoción del comienzo del ciclo escolar, el olor de los libros nuevos y los cuadernos limpios con sus hojas blancas, empieza la expectativa de lo que vamos a aprender, de los compañeros que vamos a conocer, cómo será nuestro maestro o maestra. Todo es una oportunidad de empezar con nuevos bríos y con la promesa de que le vamos a echar todas las ganas para obtener mejores calificaciones, para ser más disciplinados, para poner más atención en clase, para portarnos mejor con nuestros compañeros, para no llevar reportes de mala conducta, etc. Ese inicio de clases para mi es la perfecta analogía de lo que representa un nuevo año.

Pero, ¿qué pasa cuando todas nuestras intenciones se quedan sólo en eso? Cuando a pesar de todas las promesas que nos hacemos a nosotros mismos, terminamos boicoteándonos y decidimos dejar pasar otro año exactamente igual que el otro. Bueno, no tal igual porque somos un año más viejos.

Procrastinación, eso es lo que pasa, una palabra que últimamente se ha escuchado mucho y que se podría decir que se está poniendo de moda. Pues déjenme decirles que se la tienen que aprender por que eso es lo que hacemos todos los días, procrastinar.

Así es, queridos amigos y amigas, esa palabrita que se escucha un poco rara, proviene de latín procrastināre, que significa postergar o aplazar actividades o situaciones que deben atenderse.

Todos los días, y a cada momento, decidimos posponer decisiones y tareas que tenemos que realizar porque se trata en realidad de un impulso natural en los seres humanos. George Akerlof, economista ganador del premio Nobel, escribió un ensayo sobre la dinámica de la proscratinación en el cual nos dice que primero empezamos percibiendo cierta incomodidad frente a esa actividad que hay que hacer, la segunda parte del ciclo, es que nuestro cerebro busca aliviar esa sensación con alguna otra tarea que no es prioridad en ese momento, y la tercera etapa consiste en que nuestro cerebro almacena esa actividad que hay que hacer como dolorosa, por ejemplo estudiar para un examen, y entonces buscamos excusas reconfortantes, como por ejemplo, “mañana será otro día”, “era muy importante contestar ese correo” y resulta que cuando vuelves a recordar esa tarea pendiente que procrastinaste en un principio, te genera culpa o remordimiento y vuelves al punto de partida.

Yo soy una fanática de los cuentos de Mafalda de Quino, y uno de los personajes con el que muchas veces me identifico es con Felipito, ese personaje con grandes dientes y un gran copete experto en procrastinar. Hay un diálogo entre Mafalda y Felipito que me encanta, en el cual Felipito se encuentra muy angustiado por que en lugar de ponerse a hacer una tarea se puso a leer historietas, pero además, le dice a Mafalda que ni siquiera disfruto de las historietas pensando en que tenía que hacer la tarea; entonces Mafalda le contesta —Bueno Felipito, y ¿por qué no vas y haces la tarea de una vez? A lo cual Felipito le contesta, —Enseguida, ya que no disfruté las historietas déjame al menos disfrutar mi angustia.

¿Cuántas veces no hemos hecho lo mismo que Felipito? Yo en lo particular muchas, y parece que se ha acrecentado esa manía de procrastinar o posponer desde que decidí escribir sobre este tema. Pero entonces, ¿existe alguna estrategia para dejar de procrastinar? Te voy a a decir una, y espero que te resulte, yo la estoy poniendo en práctica. Cuando estés haciendo una actividad, por ejemplo, ahora yo que me encuentro terminando este artículo y que siento muchos deseos de levantarme y dejar de hacerlo por que me está costando un poco de estrés poner mis ideas claras para poderlo terminar, me detengo y me congelo, y trato de no hacer nada más, simplemente me doy un tiempo fuera, sin hacer otra cosa, y luego continuo escribiendo. De esta forma lograrás ser más disciplinado, porque “si no haces lo que debes de hacer, entonces no estarás haciendo nada más en su lugar”. Cuando sigues esta estrategia, dejas de volverte productivo en otras actividades, lo que simplemente te orilla a hacer y terminar esa actividad pendiente. Qué les parece si empezamos, y luego espero que lo podamos comentar para saber que tan efectiva fue esta estrategia.

Feliz 2018.

Por: Graciela Cueto Serrano


Experta en Comunicación y Desarrollo Humano

Graciela Cueto en Pláticas de Café

@gracielacuetos