¿Conoces a alguien con adicción a las selfies?

¿Conoces a alguien con adicción a las selfies?

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Todos conocemos a alguien que sabemos tiene un claro problema con las selfies, para el cual es un requisito indispensable tomar foto a todo lo que come y a cada lugar al que va o es como si no hubiera pasado. Además, dedica gran parte de su día a tomarse muchas selfies actualizando constantemente sus redes sociales con los conocidos filtros de perritos acompañados con frases y mensajes motivadores en los que quiere dejar en claro lo maravillosa que es su vida. Pero, según algunos estudios esto puede estar muy lejos de la realidad y ser parte de algunos trastornos psicológicos.

En un estudio realizado por la Universidad Nottingham Trend del Reino Unido, en conjunto con la Escuela de Administración Thiagarajar de la India, en donde se entrevistó a 400 jóvenes, determinó que existe una nueva enfermedad llamada “Selfitis”. Ésta se define como un deseo obsesivo compulsivo por tomarse fotos y publicarlas en redes sociales, como una manera de compensar la falta de autoestima y llenar un vacío en la intimidad.

Se definió que existen diferentes niveles de adicción, donde el primero está catalogado como “el límite” que habla de personas que se toman selfies al menos tres veces al día sin publicarlas. Le siguen el nivel agudo y crónico, que se refiere a casos donde las personas tienen la necesidad de tomarse de 3 a 6 fotos o más al día para subirlas a sus redes sociales.

Por otro lado, un estudio realizado por las universidades de Vermont y Harvard, en el que se analizaron más de 45 mil fotografías publicadas en Instagram, reveló que es posible detectar la depresión a través de las publicaciones en esta red social. Se determinó que las personas que sufren algún grado de depresión suben fotografías con filtros de tonos azules o grises en comparación con las personas sanas, que usaban filtros de colores vivos o publicaban fotos sin filtros.

Además, la investigación reflejó que las personas con depresión se encuentran más activos en redes, por lo que suben más auto fotos de ellos solos, mientras que las personas sanas subían fotos acompañados por otras personas. Esto se debe a que las personas que sufren depresión se aíslan y disminuyen su actividad social.

También, existe un interminable debate sobre si los filtros son buenos o malos y un estudio de la Asociación de la Ansiedad y Depresión de Estados Unidos detectó que estos afectan considerablemente el autoestima de una persona y pueden provocar un desorden de dismorfia corporal, ya que hacen lucir una piel más tersa, ojos grandes y labios carnosos lejos de la realidad, lo que puede desencadenar problemas con consecuencias graves, como depresión y frustración al no poder alcanzar el ideal de belleza o verse como en los filtros, con rostros afilados y luminosos. 

“El perder la perspectiva de cómo nos vemos es un problema y no es algo de lo que se hable mucho”, dice Renee Engeln, profesor de psicología de la Universidad Northwestern y autor del libro Belleza enferma, donde explica que antes las personas se comparaban con las fotografías de celebridades de cuerpos y rostros perfecto, de lo cuales se sabían eran editadas por computadora. Pero ahora, nos encontramos con la comparación de nuestras personas reales con las falsas imágenes de uno mismo alteradas con filtro. Esto ha desencadenado un incremento en las consultas de cirugía plástica, de pacientes que ya no buscan inspiración en celebridades, sino en los filtros de Snapchat, para lucir como la versión de si mismas que está de acuerdo a los cánones de belleza del momento.