“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi.”

Juan 14:1

Cuando era pequeña escuchaba a las personas mayores decir que los tiempos de antes eran mejores que los que estábamos viviendo en esos momentos, hoy ya siendo una persona adulta me encuentro diciendo la misma frase a mis hijos porque entiendo lo que en ese entonces esas personas con nostalgia nos querían decir.

Vivieron un tiempo de paz, donde las personas podían salir y entrar a sus casas sin temor de que les robaran o les hicieran daño. Yo lo recuerdo de pequeña cuando iba a pequeñas poblaciones, cómo la vida era tan diferente a la de la ciudad, pero aún así donde vivía se respiraba un ambiente tranquilo. Soy de la generación de niños que corrieron y jugaron en la calle sin ningún peligro o preocupación de nuestros padres y hoy simplemente eso no puede ser, así que confirmo que los tiempos anteriores eran mejores.

Sé que pueden estar pensando y queriendo decirme que estos son mucho mejores en cuanto a tecnología y modernidad, lo cual es cierto y comparto ya que estoy muy involucrada en lo que a uso de la tecnología se refiere, pues es el medio que más utilizo para compartir opiniones, pensamientos y enseñanzas, pero definitivamente ha cobrado un precio muy caro y lo vemos en la vida estresada y apresurada que llevamos, en un ambiente de inseguridad que nos rebasa y aprisionados en los conflictos cotidianos que en muchas ocasiones nos ahogan.

La resiliencia es un valor tan hermoso y poco sonado en tiempos anteriores pero que hoy surge ante la incapacidad del ser humano de sobreponerse tan fácilmente a una vida tan acelerada, pero sobre todo a los problemas y conflictos personales y/o familiares que desmoronan. La resiliencia, todos lo sabemos, es la habilidad que tenemos para hacer frente a los problemas de la vida y transformar el dolor en fuerza para superarlos y salir fortalecidos. El que comprende esto es capaz de ser arquitecto de su propia felicidad.

¿Cómo logramos ser una persona con estas capacidades?

Primero que nada una persona resiliente es aquella que reconoce sus capacidades y cualidades, lo cual es un punto a su favor porque desde ahí puede tomar lo mejor de cada situación por más adversa que sea y desechar lo malo tomando decisiones a corto, largo y mediano plazo que la conduzcan a la paz.

La parte creativa de estas personas es indispensable en momentos difíciles porque tendrán la capacidad de inventarse a sí mismas cada día y salirse de la zona de dolor y confort para avanzar. Normalmente una persona con esta cualidad reconoce que la adversidad es una oportunidad para aprender y no para sentirse fracasado aunque al principio pueda sentir que el mundo se le viene abajo su fuerza motora la hace entender y comprender que todo es una oportunidad de aprendizaje.

Tienen la determinación de vivir en el aquí y el ahora sin perder el tiempo viendo al pasado o sólo lo reconocen como parte del ayer con el cual ya no pueden hacer nada y sacan del día a día el mejor provecho aceptándolo con tranquilidad y como llegan así jamás pierden su capacidad de asombro ante las bendiciones que también la vida ofrece aún en el más triste de los escenarios. Estas personas normalmente son objetivas y optimistas, saben quiénes son, se esfuerzan por buscar lo positivo de cada situación y saben que por más difícil que sea el día de hoy mañana, será mejor.

Saben que la vida es sólo una y siempre buscan rodearse de personas buenas, positivas y que aporten algo favorable a sus vidas, como casi siempre saben lo que quieren y que no, tienen la capacidad de alejarse de personas tóxicas o que simplemente no compartan su ideal de vivir. Son amoldables a los cambios y saben que de un momento a otro las cosas pueden cambiar y con la misma facilidad redireccionan sus propósitos de vida haciéndole frente a ésta con buen humor, lo cual no quiere decir que no sufran pérdidas, lloren y se desesperen, quiere decir que tienen su momento de duelo como cualquier persona pero utilizando bien estas herramientas se levantan y siguen su camino con una sonrisa y excelente actitud. Son sociales y ante la adversidad no se van a aislar, al contrario, van a ir en busca de ayuda.

Estoy segura que todos poseemos estas cualidades y en mundo tan acelerado es necesario tener tiempo para nosotros cada día, encontrarnos a solas, recargar fuerzas y vivir el día con la mejor actitud y una sonrisa como carta de presentación sin importar qué tan dura sea la batalla, con la certeza de que todo es temporal y nada es para siempre.

No olvidemos que nada que no podamos soportar llegará a nuestras vidas.

1 Corintios 10:13

Por: Lic. Olga Beatriz Pérez Berrelleza

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