Cerrando ciclos…

Cerrando ciclos…

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“Mientras tengas la capacidad de abrir tus ojos cada mañana, la tendrás también para hacer las cosas mejor que ayer, dejar en el camino lo que te estorba y cerrar puertas que te permitan abrir las que traerán vida, paz y victoria a tu vida”.

Ya estamos en noviembre y el año casi se termina, se fue como un suspiro. En lo personal, me encanta este tiempo porque puedo hacer una regresión analizando lo que sucedió y me inyecta de energías. Primero, porque puedo ver todo lo que logré de las metas que me puse, y segundo, porque lo que no hice, si realmente sigue siendo importante, lo puedo retomar agregándolo a la lista del nuevo año.

¿Apoco no les parece divertido esta dinámica de autoevaluar los resultados de fin de año? Es padrísimo porque te puedes dar cuenta que eres un ser humano lleno de vida, capacidades y que Dios te ha bendecido enormemente al poder decir gracias por haberme regalado un año más, por permitirme haber sido productivo, cuidar de mi y de mi familia, conservar trabajo y amistades, he logrado mantener mis expectativas de vida pero sobre todo he podido disfrutar del regalo de vivir y sentir.

Como todo en la vida, estoy segura que este año tuvo sus aciertos y desaciertos, tal vez tuvimos pérdidas considerables, personas llegaron a nuestras vidas y otras, sin motivo o por las circunstancias mismas del día a día, se fueron quedando en el camino; tuvimos momentos de alegría y paz, algunos donde nuestra fe y capacidades se pusieron a prueba, pero estoy convencida que podemos decir que Dios en cada momento nos dejó ver y sentir su amor.

Tal vez para muchas personas les sea más difícil que para otras después de un revés volver a levantarse y retomar el rumbo donde se quedaron, sé que no para todos es sencillo sobreponerse emocionalmente a los golpes y desengaños de las personas, entiendo cuán duro es en ocasiones decidir perdonar y no sentir más dolor por la ofensa recibida, pero les aseguro que todo es posible, que con fe y una actitud optimista podemos lograr esto y más porque nuestro diseño nos lo permite.

Empieza por liberarte de tus propias ataduras recordando que todo lo que pasa en la vida en un 10 % es la situación y el 90 % cómo reaccionamos, así que no es sólo saberlo como información sino vivirlo cada que algo nos quiera sacar de nuestro equilibrio. Si una persona no aporta a nuestras vidas debemos hacerla a un lado y rodearnos de quienes sumen.

Cada minuto gocemos de la vida, no importa si el día es bueno o malo, cuando tenemos fe y creemos en Dios nuestro corazón está lleno del gozo de Su presencia y podemos fluir en armonía. Vivamos siendo honestos con nosotros mismos y con los demás, no necesitamos ni pretender ser lo que no somos y mucho menos engañar a las personas para retener afectos, ni escalar peldaños en tu carrera profesional, mucho menos para mantener una relación sentimental, la verdad es la única llave que te abrirá la puerta a relaciones sanas y duraderas.

Para cerrar un ciclo y abrir otro debemos entender que existen cosas que no podemos cambiar (incluso personas). Es nuestra responsabilidad aceptar cuando no podemos cambiar ciertas circunstancias y que la felicidad no depende de lo que tengo o no. El cambio es nuestro, eso sí podemos controlar, si algo no es de nuestro agrado o cambiamos o nos movemos.

No podemos cerrar ciclos si vivimos con remordimientos, estar sumergidos en el pasado solamente trae dolor, angustia, ansiedad y frustración. El pasado sólo sirve para una cosa, aprender de nuestros errores, pasar la página y avanzar. Analizar nuestras relaciones personales es una buena terapia no para volvernos selectivos de qué personas sí y cuáles no aceptamos en nuestra vida, pero nos pueden dar una pauta de aquellas que definitivamente con sus comentarios nos mantienen atados a algo o nos dañan, así que de las personas tóxicas sí es una responsabilidad alejarnos.

Por último, dejemos la soledad y desinterés y volvamos a los brazos de nuestra familia. Se nos va la vida en ir y venir, trabajo, ocupaciones, compromisos, responsabilidades, etc., etc., etc., que nos olvidamos de las tardes con los papás y hermanos que son nuestros pilares, a quienes pertenecemos, nuestro afecto más honesto y puro en este mundo. Abracémos a la familia, amémos a la familia, no la abandonémos.

Es mi oración y deseo para cada uno de ustedes que este año que está por concluir haya estado lleno de éxito y bendiciones. Que la paz, el amor y la salud hayan sido los ingredientes principales y que si por circunstancias naturales y propias de la vida algo no salió como se esperaba, no se rindan, siempre hay un nuevo día para intentarlo. Siempre hay un latido en el corazón que te dice y recuerda que hay un propósito por el cual sigues, por la gracia de Dios, en este maravilloso viaje. Ánimo y siempre para adelante.

OLGA BEATRIZ PEREZ BERRELLEZA