En el 2010, cuando Caifanes anunció su regreso a los escenarios para tocar en el Vive Latino 2011 y en Coachella, el rocanrol mexicano no cambió en lo absoluto. Esto no quiere decir que sus canciones no fuesen importantes, todo lo contrario. De hecho, es bastante sorprendente que a pesar de su relativamente corta carrera (1987-1995) y de contar con solamente cuatro discos en estudio, Caifanes (1988), El Diablito (1990), El Silencio. (1992), El Nervio del Volcán (1994), sus canciones sean parte del subconsciente colectivo. No exagero. Desde el guapachoso viaje de La negra Tomasa, el riff estrambótico de Viento, hasta la guitarra corta venas de La célula que explota, todos, sean rocanroleros o no, reconocen sus melodías.

Sin embargo, en aquel reencuentro, al inicio al menos, resultó más atractiva la posibilidad de ver a Saúl y a Marcovich juntos en una tarima que la misma música. Una escena tanto melancólica como morbosa que nadie imaginó que realmente podría ocurrir. Pero sobre todo, el regreso de Caifanes era un verdadero acto de fe. La gran mayoría nunca los habíamos visto en vivo y aún así celebramos aquel momento como quien rescata un recuerdo olvidado y en nuestro caso nunca vivido. Sencilla y descaradamente, nos rendiremos ante su leyenda. Sin embargo, una leyenda no puede cambiar la historia que ellos mismos crearon. Por eso lo son, porque viven en la memoria y muchas tristes veces solamente de ella.

Pues bien, han pasado ocho años desde aquella presentación. Sin duda, una gira de “reencuentro” bastante larga. Curiosamente dicha gira ha durado el mismo tiempo que les llevó grabar sus cuatro discos históricos. El éxito ha sido rotundo, eso es irrefutable. Pero quizá éste ha sido exagerado y los ha ayudado a postergar lo inevitable y necesario: nuevas canciones. Los comprendo, ¿para qué grabar algo nuevo? si de todas formas llenan cuanto foro se les presenta. Ya son una leyenda, ¿a qué más podrían aspirar? Sin embargo, ese es el problema. La historia los reclamaba; pero ellos se limitaban a vivir de ella y no para ella. En la mente de muchos, incluyendo la mía, Caifanes se había convertido un tributo de sí mismo. Explotando el sentimentalismo atorado en las gargantas de tantos rocanroleros y ahogando su historia en las mismas hermosas canciones de siempre. Al fin de cuentas, la nostalgia no lo perdona todo.

Al menos eso es lo que todos los amargados críticos musicales solíamos decir. Solíamos, leyeron bien, porque el pasado 8 de marzo, llegó lo que tanto exigíamos: una nueva canción. Debo confesar que sentí temor al recordar varios intentos terribles de bandas legendarias al grabar nuevo material después de años de ausencia. Así que cuando escuché Heridos, lo hice casi con deseos de no hacerlo. Me sentí como niño a punto de descubrir que los reyes magos no existían. Quería prolongar el enigma y la ilusión, pero después de 25 años de El Nervio del Volcán, era mi obligación de caifán hacerlo.

La canción ha recibido críticas encontradas: desde los que la aman simplemente por ser de Caifanes, hasta los que lamentan la ausencia de Marcovich. Esto último, creo que siempre nos dolerá. La verdad es que hay poca sorpresa en Heridos y eso es tan bueno como malo. Lo bueno es que existe una huella inconfundible de las sombras en tiempos ya no tan perdidos de los Caifanes que todos amamos. Regresaron los amores que sangran, las pasiones que desgarran, y las heridas que dan vida y que tanto han marcado las letras de Saúl. Si bien es cierto que se escuchan unos Caifanes sobreproducidos, lo que oculta aquel sonido áspero e instintivo de sus primeros discos; también es cierto que encaja perfectamente bien con la historia actual del grupo. Después de tantos años separados, de proyectos alternos, de canciones distintas, era necesario no seguir por el mismo camino que dejaron hace 25 años. Eso lo entendemos y lo aplaudimos. Lo malo es que es una canción bastante sencilla que no combate con la grandiosidad de Afuera, Estás dormida, No dejes que… en fin. No es porque sea nueva, es porque se trata de la mítica banda que desgarró los sentidos de todo aquel pronunciado rocanrolero desde 1987; y lamentablemente la canción no está a la medida.

Ahora mismo que escucho la canción, reconozco que la apuesta fue soberbia. Atentar contra ellos mismos no debió ser fácil. Sin embargo, debemos aceptar que Heridos representa más que una canción. Es el verdadero reencuentro que esperábamos en aquel 2011. No sabemos cuánto aportarán al rocanrol mexicano ésta u otras canciones nuevas de Caifanes, pero por ahora no importa. Lo que importa es que han logrado que queramos escuchar más. Pero sobre todo, que esperamos que se den cuenta que su público no solamente quiere celebrar su leyenda, más bien queremos ser parte su historia. Así que Caifanes, bienvenidos sean a casa. Tardaron mucho en llegar. Adelante, los escuchamos.

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