Antonio Stradivari: El estilo único que proyectó su nombre por el mundo

Antonio Stradivari: El estilo único que proyectó su nombre por el mundo

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Antonio Stradivari fue el más famoso luthier (laudero: persona que construye, ajusta o repara instrumentos de cuerda frotada y pulsada) de la historia. Nació en 1644 en la ciudad de Cremona, Italia. Originalmente soñaba con ser músico, su inicial deseo era llegar a convertirse en un gran violinista, por ello desde 1658 se convirtió en aprendiz de Niccolò Amati, quien fuera otro famoso luthier italiano y el más prestigioso de su época, con quien compartió taller al menos durante casi tres décadas.

La gran habilidad y dedicación que Stradivari mostró durante los primeros años trabajando con su maestro Amati fueron primordiales para que Stradivari realizara cada vez más trabajos de importancia, ya que la mayoría de los aprendices sólo se dedicaba a realizar tareas ordinarias y sencillas de reparación en el taller.

A la corta edad de 17 años, su maestro puso total confianza en él y consiguió que se le encomendara la fabricación de un violín en su totalidad, demostrando haber alcanzado la maestría de Amati en un tiempo asombroso.

Tres años después cuando cumplía los 20 años, el amor llegó a su puerta. Conoció a una joven viuda, Francisca Ferraboschi, con quien se casó el 4 de julio de 1667, cabe destacar que éste es uno de los pocos sucesos biográficos registrados del artista. Como muchos hombres geniales, Stradivari fue un hombre sencillo, modesto y taciturno, que sólo pensaba en su familia y su trabajo.

A inicio de los setenta, después de seis años de haber construido su primer violín, Amati le otorgó su consentimiento para que en los instrumentos que construyera en adelante colocara el letrero prestigioso: “Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat Anno…” (Antonio Stradivari de Cremona, fabricado hacia el año… ), seguido de la fecha de fabricación, este distintivo de la marca permanece vivo hasta el día de hoy, y no es raro que coleccionistas y músicos de gran relevancia sueñen con poseer, algún día, un instrumento con tan prestigiado sello.

Como todo hombre exitoso que busca abrirse paso por la vida, en 1683 decide ir por su cuenta, abriendo su propio establecimiento en Piazza San Domenico de Cremona, que a final de cuentas estaba ubicado en el mismo edificio que su maestro. No pasó mucho tiempo y pronto adquirió fama como creador de instrumentos musicales. Claro que uno de los principales objetivos para el luthier al independizarse estaba más allá de emprender su propio negocio, pues si bien es cierto que Amati era uno de los grandes, el creador estaba encajonado en su técnica y estilo, mismos que no le permitían manipular o reinventar a Stradivari, por lo que ya libre y con el control absoluto en su taller, comenzó a mostrar sus primeros rasgos de genio y originalidad realizando alteraciones en los modelos de violín de Amati, fabricando violines más estrechos y alargados, características distintivas y conceptuales que se adaptarían progresivamente con los años. Según amantes de la música y expertos críticos, esas proporciones favorecieron notablemente en el instrumento, dándole un tono más penetrante, incluso la densidad de la madera y el barniz especial, cuya fórmula se desconoce y ha sido fuente de grandes discusiones, contribuyeron en gran medida al aumento de la vibración y un sonido perfecto.

¿Porqué son tan especiales los violines Stradivarius?

Puede sonar a mentira, pero la realidad es que todos los grandes violines se fabricaron sólo por tres familias, los Amati, los Stradivari y los Guarnieri, y en el mismo poblado de Italia, Cremona. Actualmente se piensa que aún existen cerca de 800 Stradivarius, 250 Guarnieris y sólo 6 originales de Andrea Amati. Varios de ellos tienen tanta fama que llevan nombres especiales, como el Stradivarius “Dancla” 1710, que tocara el violinista Nathan Milstein, el “Parke” 1711, predilecto de Fritz Kreisler, y el “Delfín” 1714, tocado por el incomparable Jascha Heifetz. Salvo algunos grandes violines que desaparecieron en guerras y revoluciones, casi todos se conocen y hasta comprobar que fueron obra de algún maestro cremonés. Algunos expertos afirman poder percibir la diferencia entre dos Stradivarius y a la vez reconocer las peculiaridades que los distinguen de otros. El sonido dulce y aterciopelado de un Stradivarius difiere del Guarnieri dal Gesú, que es sensual y terso, según los grandes maestros de la música.

Hasta mediados del siglo XVI, Cremona gozó de la fama que le conferían sus espléndidos Palacios y su catedral del siglo XII; pero en los tres siglos siguientes obtuvo más renombre por los 8,000 instrumentos que construyeron sus artesanos.

El violín de Cremona es la perfección misma. Las catedrales góticas y los relojes finos, son obra de muchos hombres; el violín es creación de uno solo. Deben tocarlo y acariciarlo dedos capaces de arrancarle sonidos que evoquen la voz humana con la lengua del espíritu. Es un triunfo de la física, la química, las matemáticas y aquella pasión barroca que se abrió paso en el renacimiento clásico como síntesis del intelecto y la emoción.

Como dato curioso, el más caro de los violines Stradivarius es el conocido como Lady Blunt. Debe su nombre a Anne Blunt, nieta de lord Byron y propietaria de tan preciado objeto durante 30 años. En 2011 pertenecía a la Nippon Music Foundation hasta que fue subastado. El evento generó una enorme expectación entre los amantes de la música. Finalmente, Lady Blunt alcanzó el precio más alto de un Stradivarius: 15,9 millones de dólares.

El mito del barniz mágico

La teoría más popular se basa en el uso de un barniz mágico cuya fórmula se habría perdido tras la muerte del artesano. Cuenta la leyenda que la escribió en una página de la Biblia familiar, que fue destruida por uno de sus descendientes para que el secreto no cayera en manos de extraños. Sin embargo, el Dr. Colin Gough, investigador de la Universidad de Birmingham del Reino Unido, en un artículo titulado “Ciencia y Stradivarius” descartan la existencia de un secreto en la composición del barniz.

Contrariamente a lo que les sucedía a algunos otros artistas que obtuvieron reconocimiento hasta después de su muerte, Stradivari desde su madurez gozó de fama extraordinaria, no sólo en Italia sino en el mundo entero.

El legado de Antonio Stradivari para el mundo

A sus 54 años de edad murió su esposa Francisca, con la que procreó sus cinco primeros hijos. Un año después de la muerte de su esposa conoce a Antonia María Zambelli, con quien posteriormente contraería nupcias y tendría seis hijos más.

El último violín que firmó lo hizo a los noventa y dos años de edad. De ahí en adelante, muchos violines fueron firmados Sotto la Desciplina d’Antonio Stradivari F. in Cremona [año], y fueron probablemente hechos por sus hijos, Omobono y Francesco.

Tras haber tenido una fructífera y longeva existencia, murió en 1737, con 93 años, dejando 1,100 instrumentos entre violines, violonchelos y violas, de los cuales, cerca de 650 se conservan a fecha de hoy.

Fue sepultado en la misma ciudad en la que nació.